Paraules que la Maria, el Pere i el Mingu, de part de tots, li van preparar a la iaia:
Algú de la família, parlant d’un avi que havia mort, va dir que «als sants se’ls prega…». Nosaltres ara podem parlar amb la iaia pel telèfon dels cristians, que és la pregària.
Iaia,
Hace unos días vine a verte a la residencia un rato. Vine yo sola, y se me hacía raro: siempre vengo con mi mamá, que tiene muchas cosas que contarte. Ahora que lo pienso, tus tres hijas, la Mari, la Isabel y la Montse, todas tienen siempre muchas cosas que contarte y muchísimas ganas de cuidarte. Y no me extraña, porque sabiendo lo mucho que nos has mimado siempre a todos tus nietos, es muy fácil imaginar lo bien que cuidas a tus hijitas, igual que a sus maridos, igual que a toda tu familia, igual que a todos los que te rodean.
Pues ese día, cuando vine, estuvimos charlando un rato. Bueno, la verdad es que solo hablaba yo, pero cuando me despisté y me quedé en silencio un segundo, nuestro compañero de meriendas aprovechó y dijo: «si ella pudiera, también te diría muchas, de cosas bonitas!». Hoy soy yo, somos todos, los que queremos decirte cosas bonitas y no sabemos cómo hacerlo. Pero el que no se arroja no cruza la mar, no?
Qué suerte haberte tenido cerca cuando éramos pequeños. Estabas tú! Cuando los papás iban a Barcelona y nos cuidabas con mucho cariño. Y aunque estuvieran ellos, tú también estabas a cuatro casas y venías a traer cosas que cocinabas o regalitos. Qué buen olor recuerdo! Y el gusto de los eucaliptos. Tenemos mucha suerte de que hayas querido vivir de cerca nuestra infancia, porque nos has llenado de vivencias muy sencillas y cotidianas, y muy profundas y grandes al mismo tiempo…
María,
Todos los que estamos aquí, muchos otros que tienes lejos y, cómo no, los que ahora volverás a encontrar después de tanto tiempo.
Todos sabemos que no tenemos que decir palabras especiales sobre ti, porque tú misma, siendo tú misma, no dejas duda de ser muy especial para todos nosotros.
De las cosas difíciles hacer virtud, y sonreír.
Estamos tristes, claro, porque no es fácil despedirte…
Tus nietos
La Montse y el Román
La Isabel y el Mingu
…
La MARI,
Tristes, pero orgullosos de ser parte de ti y haber visto que sin ninguna ambición… o, perdón, mejor dicho: con toda la ambición del mundo de hacer felices a los que te rodean, se puede llegar a ser muy grande.